La Catedral de Lincoln, que domina su ciudad homónima, es un edificio impresionante y también histórico, puesto que algunas de sus partes se remontan al año 1.092.
Modificada, ampliada, dañada por incendios y reconstruida, fue después de sufrir los efectos de un terremoto en 1185 cuando la catedral empezó a tomar la forma que tan familiar nos resulta hoy. En 1400, un visitante de nuestra época habría reconocido al instante el edificio que, durante un periodo, pudo presumir de ser la construcción más alta del mundo.
Seis siglos más tarde, al entrar en la Catedral de Lincoln a uno le sigue embargando la sensación de asombro que sus constructores se propusieron conseguir. La enorme nave, con su alto techo abovedado, nos hace darnos cuenta de que las personas realmente somos seres pequeños e insignificantes.
Para levantar un edificio como éste, los constructores del siglo XV lograron resultados asombrosos sin la ayuda de la mecanización moderna. Pero el deseo de inspirar semejante temor reverencial entre los feligreses, empequeñeciéndoles arquitectónicamente, tiene un inconveniente, y es que un edificio de estas características no se presta a una buena acústica. Podemos sentir un gran respeto, pero ¿podemos oír realmente el mensaje que se comunica desde el púlpito?
La distribución de sonido de alta calidad de forma exacta y uniforme por un edificio inmenso y laberíntico es un problema perenne en todas las estructuras grandes y cerradas. Y no fue hasta el siglo XXI que la Catedral de Lincoln pudo por fin alardear de un sistema de sonido que realmente se encuentra a la altura de su resplandor arquitectónico, gracias a Yamaha y a los especialistas en sonido Wigwam Acoustics.
"Nos enfrentábamos a un verdadero reto de sonido que debíamos resolver eficazmente, pero sin permitir que un sistema de audio complejo interfiriese con la belleza de la catedral", explicó Mick Spratt de Wigwam. "En otras palabras, los oídos de los feligreses tenían que notar la diferencia, pero sus ojos, no."
Wigwam instaló 60 altavoces personalizados en la catedral. Con una anchura de tan sólo 5 cm, cada uno se diseñó de forma exclusiva para adaptarse discretamente a los contornos de la columna en la que se instalaría, y las diferentes posiciones de instalación requerían altavoces de distintas longitudes.
Todos los altavoces se situaron a la misma altura en relación con los asientos de los feligreses, y cada uno se pintó individualmente para camuflarse con precisión en su columna respectiva. Incluso se utilizaron cables de color a juego. El resultado es un sistema de sonido distribuido que apenas resulta visible a simple vista y que, sin embargo, ofrece una magnífica calidad de audio. Cada uno de los feligreses se encuentra lo suficientemente cerca de un altavoz, por lo que el sonido que rebota de las numerosas superficies sólidas de la catedral no plantea ningún problema.
Y a pesar de ser tan exclusivos, el efecto de los altavoces apenas se notaría si el sonido que llega a los mismos no fuese de la más alta calidad.
Una de las claves de la instalación es el sistema de mezclas digital DME64N de Yamaha, un procesador de señales digitales potente y versátil que proporciona 64 entradas y salidas de distribución y control de sonido en red. La catedral alberga ahora el mayor sistema de red de Europa que utiliza sistemas de mezclas DME64N y DME24N, que forman la columna vertebral del sistema de distribución de sonido.
Una de las principales razones por las que se seleccionaron los productos Yamaha fue que el sistema de sonido debía ser extremadamente versátil. La catedral es un punto central de la comunidad local y en ella se celebran muchos tipos diferentes de oficios religiosos y encuentros.
Cada uno de estos tipos requiere que el sonido se distribuya de una manera diferente: por ejemplo, para una pequeña reunión al lado de la Capilla de Nuestra Señora en el Crucero Sur, es necesario que los altavoces y las fuentes de sonido estén activos en esa zona, y todos los demás altavoces de la zona principal de la catedral y todas las demás fuentes de sonido deben estar apagadas. Y a la inversa, en el caso de un importante sermón no es necesario que el sonido se transmita a una de las capillas laterales.
A pesar de ser una red extremadamente sofisticada, el sistema se ha diseñado para poder manejarse desde un único panel de control compacto.
"Era muy importante que cualquier persona, desde un ingeniero de sonido hasta un corista, pudiese manejar todo el sistema de sonido", señaló Mick. "La caja mágica ofrece un control completo de todos los aspectos del sonido por medio de unos pocos botones claramente marcados que ajustan los puntos deseados en los que converge el sonido."
Además de los altavoces perfectamente camuflados, todos los amplificadores y sistemas electrónicos de control debían ser discretos y, al mismo tiempo, fácilmente accesibles. Al final se tomó la decisión de colocar estas unidades en el triforio, en una posición muy elevada encima de la nave, una ubicación que se consideró mucho más adecuada al ser considerablemente más seca que la otra alternativa, ¡la cripta!
Durante la instalación se utilizaron 5,8 km de cable de altavoz y otros 3 km de cable de señales y de red. Y sin embargo, entre el encargo inicial y la realización de pruebas sólo transcurrieron tres meses.
Con su famosa biblioteca, que alberga una valiosa colección de libros y manuscritos antiguos, incluida una de las pocas copias existentes de la Carta Magna y los primeros versos documentados acerca de Robin Hood, es apropiado que la Catedral de Lincoln haya iniciado un capítulo nuevo y tan importante en el diseño de sistemas de audio en un edificio tan antiguo e imponente.
La arquitectura alcanzó nuevas cotas hace 600 años, y ahora ha ocurrido lo mismo con el sonido distribuido.