Desarrollar productos no es solo unir bien los circuitos y los componentes. La interfaz de usuario es esencial. Gez Kahane analiza el proceso de diseño utilizado para el M7CL de Yamaha.
Cuando fabricas un producto quieres que le guste a la gente. Que la gente lo utilice. Que le encante. Parece obvio ¿verdad? Pero es sorprendente la cantidad de productos que hay en el mercado, incluso actualmente, en los que una ingeniería de alto nivel resulta prácticamente inútil porque nadie ha tenido en cuenta las necesidades del usuario.

No se trata únicamente de convertir la ingeniería en algo bonito, aunque el atractivo sea un elemento de una interfaz de usuario bien diseñada. Ni la tan manida frase de “unir forma y función” hace justicia al proceso de diseño. Si los equipos de desarrollo de productos han hecho bien su trabajo y han pensado no solo en la finalidad de su invento sino en por qué lo están inventando, en primer lugar, y en cómo lo utilizará el cliente, al final la función determinará en gran medida la forma.
Tomemos como ejemplo la consola de mezclas digitales M7CL de Yamaha. Piense, como hicieron los equipos de diseño, en la superficie tradicional de la unidad de mezclas analógica: a la izquierda, las bandas de canales, cada una con su fader exclusivo; a la derecha, el control general: grupos, masters, etc. Ahora, piense en las necesidades del usuario actual.
Las primeras unidades de mezclas de sonido en directo eran pequeñas, el ingeniero se sentaba en el centro y podía ajustar la configuración de cada canal al trabajar en la propia mezcla. Pero se fueron añadiendo más canales de entrada, y más funciones a los canales, con lo que la superficie de la consola se amplió hacia la izquierda y hacia fuera, ocupando así cada vez más espacio y obligándole a estirarse e inclinarse hacia delante para controlar cada uno de los canales al trabajar con masters y submezclas.
Cuando se empezaron a hacer las mezclas digitales, los diseñadores de productos mantuvieron el formato de las consolas analógicas porque era más fácil para los ingenieros de sonido aceptar la nueva tecnología si la superficie de control les resultaba familiar. Pero una vez la tecnología ya estaba probada, el diseño pudo empezar a explorar las ventajas digitales en lo relativo a la interfaz de usuario.
Lo primero que observará en la M7CL es que ha vuelto a poner al ingeniero en el centro, con la parte principal de la superficie de control dominada por una pantalla táctil, ocho faders, un grupo de mandos giratorios y un grupo de botones. Hay canales y faders fuera de la zona central, pero están destinados a los ajustes inmediatos habituales que los usuarios tienen que hacer durante la mezcla: el nivel y la elección de los canales. Todas las funciones están accesibles a través de la pantalla táctil utilizando el sistema Centralogic de Yamaha y los ocho faders Centralogic.

El sistema Centralogic tiene la ventaja añadida de reducir el espacio de la mezcladora, pero ese no era el objetivo principal. El lema de Yamaha para la M7CL es “más fácil que la analógica”, porque, como Mick Okabayashi, del departamento de desarrollo de productos explica, “el funcionamiento analógico no siempre es lo mejor en todos los casos.” Había observado que los ingenieros que se enfrentaban a la infinidad de controles de las mesas analógicas, a menudo tocaban por error el botón equivocado, y algunos incluso habían tapado algunas zonas con plástico para reducir al mínimo la posibilidad de error. El sistema Centralogic significa que solo aquellos controles que se necesitan de inmediato tienen que estar disponibles en un momento dado.

Lo maravilloso de la pantalla táctil es que combina la interfaz y las funciones de control, pero sigue siendo necesario mantener un equilibrio entre accesibilidad y facilidad de uso: tratar de apiñar todos los controles posibles en cada página de la pantalla táctil significaría sencillamente sustituir la acumulación analógica por la digital. Por eso, los ingenieros han dedicado largas jornadas a la interfaz gráfica de usuario (GUI) asegurándose de que la M7CL era intuitiva y “divertida de usar”. También tuvieron en cuenta que una pantalla táctil es rápida de usar, pero quizás no tan inmediata como tocar un botón analógico, lo que dio como resultado el grupo de mandos y botones asignables en la parte central, que ayuda a mantener el equilibrio entre el control directo y el virtual.

Poner en funcionamiento y programar la interfaz de la pantalla táctil es una cosa, pero toda interfaz de usuario bien diseñada tiene que ser también ergonómica y de una estética agradable. A ese proceso podríamos denominarlo “diseño cosmético”, pero la cosmética siempre tiene un objetivo.
El equipo que trabaja en esto son los ingenieros en el sentido artístico. Son 26, la mayoría con sede en Hamamatsu, pero también con pequeñas oficinas de diseño en Tokio y Londres, que trabajan no solo en determinados productos de Commercial Audio sino también en instrumentos musicales, clubs de golf, sistemas de alta fidelidad, motocicletas, etc. Y los diseños son realmente bonitos.

Manabu Kawada, director general del laboratorio de diseño de productos de Yamaha, es, evidentemente, un “creativo”. No es solo el estilo de su indumentario el que lo proclama, sino otro sutil detalle: sus ojos analizando y evaluando una y otra vez los diseños en los que trabaja. Sin embargo, es absolutamente realista en lo que se refiere al objetivo.
“Quiero hacer diseños que digan “tócame”, afirma. Estos son productos para ser usados, no para ser mirados. De hecho, el primer principio del equipo del laboratorio de diseño, por encima de la innovación y la estética, es la integridad: El objetivo del producto debe determinar el diseño. Y Kawada también elige la discreción, y explica que lo esencial es la persona, no el diseño ni el propio producto.

El diseño atractivo es importante comercialmente, sin duda, no solo para atraer a los clientes, sino para reforzar la marca de la empresa (no hay más que pensar en fabricantes de automóviles europeos como Mercedes, BMW, Alfa Romeo y Jaguar. “Los fabricantes japoneses solían centrarse en la tecnología,” afirma Kawada, “pero ahora tienen que diferenciarse mediante el diseño del producto para seguir siendo competitivos ante la mejor fabricación de otros territorios asiáticos.”
Puede verse la cohesión de la marca comparando la M7CL con la primer consola digital de Yamaha, la DMP7. La M7CL se inspira en su predecesora, pero el diseño no tiene nada de anticuado, y la mano del equipo creativo puede verse en la sencillez de la “cruz” que forman la intersección de la vista vertical y vista horizontal del canal seleccionado.

No obstante, al final, todas las consideraciones sobre un diseño atractivo tienen que estar unidas indefectiblemente a que el producto funcione para el usuario. Por tanto, hay que tener en cuenta la disposición de los controles y, en la misma medida, su ergonomía. Eso significó probar con la inclinación de la M7CL para conseguir el uso más cómodo de los faders, por ejemplo. Incluso cuando se trata de una característica puramente de diseño, como el uso del espacio, también tiene un objetivo. Dejar el panel a la izquierda de los faders de Centralogic sin mandos ni botones aporta estilo, pero también contribuye a diferenciar la parte de canales de la izquierda de la zona de mezclas central.
Es la armonía de todos estos elementos la que sorprende al cliente, fomentando lo que Kawada denomina una “relación íntima”. Una gran imagen inspira amor a primera vista, pero los diseñadores de Yamaha quieren algo más profundo y significativo: quieren que sus usuarios y sus productos mantengan una relación de por vida.