Los ADD-ON EFFECTS son programas de efectos plug-in para las consolas de mezclas digitales Yamaha DM2000V2, DM1000V2, 02R96V2, 01V96V2 y PM5D. Varios de estos programas utilizan la innovadora tecnología VCM (modelado de circuitería virtual), que emplea una técnica para modelar los circuitos analógicos a nivel de componente y reproducir fielmente incluso el sonido saturado de la grabación analógica en el dominio digital. El desarrollo de esta tecnología corrió a cargo de uno de los grupos de ingeniería más vanguardistas de Yamaha, denominado K’s LAB. K’s LAB se constituyó en 1987 para crear una nueva tecnología de generadores de tonos, y seis años más tarde presentó los primeros sintetizadores del mundo que utilizaban el modelado físico, el VL1 y el VP1. Entrevistamos a Toshifumi Kunimoto, el jefe del grupo.

Toshifumi Kunimoto
Kunimoto escribió artículos sobre efectos para una revista musical en sus años de estudiante universitario. Después de incorporarse a Yamaha en 1982, participó durante varios años en el desarrollo del proyecto de integración a gran escala y en 1987 trabajó en el proyecto de ingeniería del histórico sintetizador VL1, al que siguieron otros proyectos, como los de AN1x, EX5 y Motif. En 2001, Kunimoto regresó finalmente al mundo de los efectos, su entorno natural, con K's LAB y la tecnología VCM.
¿Podría explicarnos la tecnología VCM en términos fáciles de comprender?
Naturalmente. Esta tecnología está basada en una técnica conocida habitualmente como modelado físico. Tras el lanzamiento del VL1 y el VP1 en 1993, seguimos perfeccionando esta técnica y la aplicamos a los procesadores de efectos. Es lo que se conoce como la tecnología VCM. Mientras que con los instrumentos musicales se deben simular aspectos tales como las ondas de aire de un tubo, las vibraciones de una cuerda, los movimientos de un caramillo o un arco de violín, etc., con los efectos de audio es necesario modelar cada componente de los circuitos electrónicos. A veces es necesario modelar un único elemento, como el amplificador de circuitos integrados, el transistor o la cinta magnética, y otras veces sólo hay que modelar el comportamiento de una combinación de elementos, como el filtro. De una forma u otra, y mediante una técnica de modelado tan detallada, la tecnología VCM reproduce con precisión el comportamiento de todo el equipo en el software.
¿Por qué aplicó a los efectos una tecnología desarrollada originalmente para el generador de tonos?
Iniciamos el desarrollo de la tecnología VCM en 2001. Por aquél entonces parecía que muy pocas tecnologías de efectos digitales podrían ir más allá de una simulación superficial de los caracteres del sonido y alcanzar un alto grado musical. Vimos que existía una oportunidad en este sentido y decidimos aprovecharla. Creíamos en el modelado físico y pensamos que si íbamos un poco más allá de lo que habíamos conseguido con el VL1 y el VP1, podríamos lograr algo muy interesante.
¿Cuál fue la mayor preocupación durante la fase de desarrollo?
Decidimos que lo que estábamos desarrollando tenía que ser muy musical. Después de todo, somos Yamaha y no bastaba con un simple modelado teórico. La pregunta clave era: ¿cómo podíamos conseguir un sonido musical? Así, contratamos como consultores a dos ingenieros de grabación veteranos con un oído profesional para la música. Lo realmente importante del modelado de los efectos es algo que va más allá de los datos técnicos. Junto con nuestros consultores, recurrimos a nuestra imaginación e investigamos lo que había más allá de la teoría.
La clave era la musicalidad, ¿no es cierto?
Sí. Últimamente, el modelado físico se ha convertido en una técnica muy divulgada y todo el mundo desea utilizarla, pero la tecnología no debe ser un objetivo. No es más que una herramienta. Siempre debemos tenerlo en cuenta. De todos modos, realizamos una y otra vez evaluaciones de audición con los consultores y hablamos de cómo podíamos hacer que los programas tuviesen un sonido lo más musical posible. Estaban muy ocupados y no podían dedicar mucho tiempo a este proyecto, por lo que tuve que desplazarme frecuentemente en el tren de alta velocidad entre Tokio y Hamamatsu, donde se encuentran las oficinas centrales de Yamaha, con mi ordenador portátil y mis archivos de audio en una bolsa. Cuando podían dedicarnos algún tiempo, salía corriendo a la estación. No recuerdo cuántas veces hice ese trayecto. El viaje de ida tardaba dos horas, y a veces perfeccionaba los algoritmos en el tren. Puesto que nuestros consultores no estaban dispuestos a hacer concesiones y nunca aprobaban un programa a menos que sonase realmente musical, y nosotros teníamos una regla muy estricta según la cual ningún programa pasaba a la fase de producción sin antes obtener el visto bueno de evaluadores independientes fiables, este proyecto fue bastante duro para todos nosotros.
¿Cómo continuaron con el desarrollo de la técnica de modelado? ¿Cuál fue el reto más difícil al que se enfrentaron?
Cuando trabajamos en los programas “Open Deck” incluidos en el paquete Master Strip, tan pronto como empezamos a analizar el proceso de grabación analógica nos enfrentamos a un gran quebradero de cabeza. Era muy difícil modelar la alinealidad y la pérdida de señal. Era tan complejo que casi no sabíamos qué hacer, pero no perdimos la esperanza y lo hicimos lo mejor que pudimos, y de algún modo conseguimos traducirlo en un algoritmo que se podía convertir en circuitos digitales. Después pasamos a medir las grabadoras de cinta analógicas clásicas. Tuvimos que recrear cada uno de los componentes de una grabadora en un chip DSP, por lo que necesitábamos medir todos y cado uno de los elementos del proceso, como el cabezal de grabación, el cabezal de reproducción, el ecualizador NAB de reproducción, etc. Naturalmente, también medimos cintas. Contratamos algunos estudios comerciales con buenos técnicos de servicio, donde pudimos utilizar grabadoras en buen estado. Lo más irritante de este proceso fue que incluso las mismas grabadoras sonaban distinto en función de la versión y la cinta utilizada. Tuvimos que concentrarnos en cómo hacer frente a tales diferencias. Mantuvimos numerosas conversaciones con los consultores y, una a una, descubrimos una solución a cada problema. Mientras tanto, constatamos un hecho curioso, y es que cuando se utilizan diferentes tipos de grabadoras para la grabación y la reproducción, se produce un sonido muy interesante. En el mundo real, a veces ocurre que lo que se mezcla en un equipo Studer se reproduce en una grabadora Ampex. Lo simulamos con la tecnología VCM y obtuvimos un resultado espléndido. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que podíamos utilizar una grabadora de cinta como nuevo procesador de efectos para conseguir una musicalidad como el ambiente o la presencia del sonido.
De cualquier modo, contratamos los servicios de unos estudios, recopilamos datos, volvimos al laboratorio y los analizamos y los convertimos al dominio digital. Esa era la rutina.
Parece que este proceso lleva mucho tiempo y requiere abundante paciencia. ¿Cuál fue la reacción ante el sonido que crearon con tanto esfuerzo?
Realizamos sesiones de evaluación en Londres y Nueva York, además de en Tokio, donde invitamos a más de una docena de ingenieros de grabación de primera línea, como Elliot Scheiner. Llevamos varios prototipos de programas como compresores, ecualizadores, sincronizadores, emulación de cinta, reverberaciones, etc., y les pedimos su opinión. Después, el “Open Deck”, en particular, se convirtió en el foco de atención y estuvimos muy satisfechos cuando algunos de ellos llegaron a decir incluso que los plug-ins VST y TDM parecían meros trucos en comparación con esta tecnología. Nos sentimos recompensados al confirmar que estos efectos no sólo sonaban analógicos, sino que eran suficientemente musicales y aptos para la grabación profesional.
El paquete Channel Strip consta del compresor 260, 260S, 276, 276S y el ecualizador 601, y todos ellos utilizan asimismo la tecnología VCM. También fueron muy apreciados en la evaluación. Entre ellos, el compresor 276 recibió comentarios muy favorables. Algunos señalaron que se asemejaba al UREI 1176 o a un NEVE, mientras que otros pensaban que sonaba como los compresores de tubos. Hubo diversas opiniones, pero lo cierto es que este programa combina muchas y buenas características de compresión analógica en un procesador digital, más que emular un único compresor analógico. Una de las mayores ventajas de la tecnología VCM es que puede crear un sonido perfecto y completamente nuevo a partir de varios dispositivos.
No sólo el sonido, sino que los gráficos también tienen diseños realmente trabajados. Es divertido ver una cinta dando vueltas en la pantalla con los programas Open Deck.
Pienso que los gráficos de los efectos plug-in son una función indispensable, y por ello contamos con nuestro propio diseñador gráfico en K’s LAB. Por lo que respecta a los ADD-ON EFFECTS, imprimimos un aspecto clásico a todos los elementos, incluso la textura de los botones y mandos, así como los vúmetros, indicadores LED, etc. No sólo componen una interfaz gráfica de usuario de alta calidad, sino que se puede apreciar la época en que se lanzó al mercado el equipo original. Es otro de los atractivos de los ADD-ON EFFECTS.

Muchas gracias por habernos dedicado su tiempo hoy. Antes de dar por finalizada la entrevista, ¿tiene algún comentario adicional?
Incluso hoy, muchos ingenieros siguen utilizando grabadoras analógicas para conseguir el efecto de “compresión de cinta”, que añade calidez y fuerza al sonido. Un buen ejemplo es el reciente álbum de Steely Dan, “Everything Must Go”, en el que Elliot Scheiner utilizó una combinación de grabación multipista analógica y digital para aprovechar los mejores aspectos de cada tecnología. Es evidente que la tecnología analógica tiene limitaciones. No puede recuperar los ajustes ni realizar una copia sin que se produzca degradación. Sin embargo, la tecnología VCM puede superar esas limitaciones y crear los matices que sólo la tecnología analógica puede proporcionar, y ofrecer al mismo tiempo la comodidad que sólo la tecnología digital puede aportar. Con la tecnología VCM no resulta difícil reproducir incluso el sonido de los amplificadores de válvulas, las cajas de ritmos o las costosas consolas analógicas clásicas en formato digital. Puede parecer una quimera, pero no lo es. La tecnología ya existe. Realmente me gustaría que todos ustedes disfrutaran de primera mano de la tecnología VCM en los ADD-ON EFFECTS.

“Los Siete Samuráis” en K’s LAB